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Mary Hunter Austin, escritora de novelas, ensayos, relatos, poemas y artículos, cuya obra se centró principalmente en el suroeste estadounidense, nació en Carlinville, Illinois, el 9 de septiembre de 1868. Hija de un capitán de la Guerra de Secesión, George Hunter, y su esposa, Susannah Graham Hunter, Austin describe su infancia como dura, especialmente tras la muerte de su padre, aficionado a los libros, cuando ella tenía diez años. Se graduó de Blackburn College en 1888 y poco después se mudó con su familia a Bakersfield, California. Se casó con Stafford W. Austin en 1891, y durante algunos años vivieron en varias ciudades del Valle de Owens en California. Mary Austin pronto aprendió a amar el desierto y a los nativos americanos que habitaban en él, y ambos temas figuran en los apuntes que constituyeron su primer libro, La tierra de la lluvia escasa (1903), que inmediatamente tuvo un gran éxito. Le siguió una colección de historias, The Basket Woman (1904), una novela romántica, Isidro (1905), y una colección de escritos regionales, The Flock (1906). En 1905 Austin se separó de su esposo y se mudó a Carmel, California. Más tarde viajó a Italia, Francia e Inglaterra, donde conocer a H.G.Wells y otros intelectuales fortaleció sus ideas feministas, lo que supuso añadir, a su propia forma de misticismo profundamente personal y sostenible, un fuerte compromiso con el socialismo. Al regresar a la ciudad de Nueva York, se asoció con John Reed, Walter Lippmann y otros miembros del grupo de escritores y artistas cuyo centro era Mabel Dodge Luhan. Una obra de teatro, The Arrow Maker (1911), y su mejor novela, A Woman of Genius (1912), fueron el producto de esos años en Nueva York, al igual que decenas de artículos bastante didácticos sobre socialismo, los derechos de las mujeres y varios otros temas y novelas como The Ford (1917) y No. 26 Jayne Street (1920). En 1924 Austin se instaló en Santa Fe, Nuevo México. Ese año publicó The Land of Journeys ‘Ending, al que siguieron, entre otros libros, Everyman’s Genius (1925), The Children Sing in the Far West (1928; como su anterior The American Rhythm [1923], una colección de canciones y poemas originales inspirados en los nativos americanos), Starry Adventure (1931), Experiences Facing Death (1931) y una autobiografía, Earth Horizon (1932). Los mejores escritos de Austin, relacionados con la naturaleza o la vida de los nativos americanos, recuerdan el trabajo de Ralph Waldo Emerson y John Muir en su tono trascendental y su ocasional inclinación primitivista. Además, Mary Austin fue siempre muy activa en diversos movimientos para preservar el arte, la artesanía y la cultura de los nativos americanos. En 1934, el año en que se publicaron Can Prayer Be Answered? y One Smoke Stories, Austin falleció mientras dormía en su casa de Santa Fe, Nuevo México.

Esta es la naturaleza de esa tierra. Hay colinas, redondeadas, cortadas, quemadas, surgidas en medio del caos, pintadas de bermellón y cromo, que aspiran a llegar a la cota de nieve. Entre las colinas yacen planicies elevadas anegadas de un intolerable destello solar, o valles estrechos ahogados en una neblina azul. La superficie de la colina está rayada de ceniza y negro, flujos de lava sin erosionar.

La tierra de la lluvia escasa es ya un clásico venerado sobre el desierto y sus pobladores y uno de los títulos de referencia del género Nature Writing y de la literatura ecologista, recuperado por VOLCANO Libros (septiembre, 2019) en una edición traducida por Eva Gallud y que cuenta con el prólogo de la escritora y activista medioambiental Terry Tempest Williams, además de una amplia y completa nota biográfica sobre su autora. Fue el primer libro de Austin y el más conocido. Un texto sobrio y secretamente seductor, donde evoca el misticismo y la espiritualidad del desierto en el sur de California. Donde su amor y respeto por su hogar adoptivo brillan gloriosamente. Página tras página describe en un lenguaje a veces vívido, a veces amable, la belleza que Austin ve durante todas las estaciones en el entorno natural: montañas, valles, mesetas, desierto, flora y fauna. Y escribe con fino humor y un profundo respeto por los nativos americanos y los extravagantes personajes que poblaron estas regiones a raíz de la fiebre del oro. Como ella misma dice: «Noticias de la tierra, de sus senderos y de lo que en ellos se mueve, el relato que un amante de esa tierra le puede ofrecer a otro». Terry Tempest Williams lo explica muy bien en el prólogo:

Solo un caminante del desierto experimentado conoce el embrujo del blanco en las tierras áridas. Es el espejismo. Es la escultura de los huesos blanqueados. Es la piel reseca y la boca áspera. Es soñar con agua y desear estar en casa cuando sabes que te has alejado demasiado de las comodidades. El blanco es el calor del alma de «esta tierra de lluvia escasa» que te atrae hacia lo profundo del desierto y te invita a perder la cabeza.

Y su admiración por la escritora es total:

En muchos aspectos, la veo como a una hermana, un alma gemela, una mentora literaria, una mujer que nos inspira hacia un compromiso directo con la tierra, tanto en la vida como en la página. No tuvo miedo de ejercer el activismo político apoyando los derechos de los pueblos indios, de las mujeres y de los espacios naturales. Mary Austin fue una poeta, una pionera y una patriota.

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